
Pues iba tan picha como todos los días la señorita Amparo, con el cantaro de aquí para allá, un joven mozo se fijó en ella. De tal cosa, se dio cuenta la señorita Amparo y al Pascual, lo miró con cierto desprecio.
Al Pascual esa mirada no le sentó nada bien, y se arrancó de la siguiente manera:
Debajo de tu ventana,
Tengo un nido de jilgueros,
Por Dios te pido mañica
Que no me toques los huevos
La señorica Amparo, que cuando iba el Pascual, ella ya había ido y venido mil veces, le contestó:
No te los piensos tocar
Esos huevos que tu tienes
que a mí me gustan fresquicos
y los tuyos huelen mal